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¡DIARIO DE MI CAMBIO METODOLÓGICO!- “Dos acciones implementadas en el Aula que demuestran el éxito del aprendizaje compartido”

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09 Abr ¡DIARIO DE MI CAMBIO METODOLÓGICO!- “Dos acciones implementadas en el Aula que demuestran el éxito del aprendizaje compartido”

“Cuando estás rodeado de personas que comparten un compromiso apasionado en torno a un propósito común, todo es posible.” -Howard Schultz

Como habéis podido apreciar en mis anteriores entradas, mi acción educativa pretende comprometer al alumno en un espacio de aprendizaje basado en principios de compromiso personal y participación activa dirigida, como objetivo final, hacia el bien común.

Ceder al servicio de grupo las cualidades, habilidades y el saber que cada uno retiene para compartirlo entre iguales no es tarea fácil. Para ello y como ya comenté, es necesario propiciar un ambiente auténtico de reflexión, escucha y consenso en el Aula. Por este motivo, cada semana, la tutoría la convertimos en una asamblea donde el grupo debate, toma decisiones y evalúa la línea de actuación que se pretende integrar durante los próximos siete días. Un apunte al respecto, aunque mantengo mi protagonismo docente como guía de esa interlocución, tengo que decir que el tiempo está convirtiendo al alumnado en protagonista del proceso, apropiándose poquito a poco del espacio educativo que le corresponde. Bien es cierto que aún con cierta timidez y en acciones todavía dirigidas, cada día encuentro más independencia en su actuación. ¡Tiempo al tiempo!

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Fuente foto de: http://sonrisasforever.es/compartir/

A continuación, muestro dos ejemplos de algunas de estas acciones:

  • Acción personal. En el horario de tutoría mis alumnos escriben aspectos académicos en los que sienten la necesidad de pedir ayuda. Una vez vistas las necesidades individuales, aquellos compañeros que se sienten capacitados para colaborar tienden la mano del compañero  y les apoyan en su aprendizaje en horarios de recreo o tiempo libre. 

Valga de ejemplo la clase de Música. Aquellos niños que tienen dificultad en algún pasaje con la flauta, piden ayuda a un compañero e inmediatamente después alguien se presta para apoyar su interpretación durante esa semana. Lo mismo pasa en las demás asignaturas, incluso cuando se realiza alguna de las tareas y ejercicios diarios. En el trascurso de la actividad pueden hablar entre ellos con la condición de que esta acción sirva para ayudar a comprender aquello que se está trabajando.

Este gesto de desprendimiento se valora muy positivamente no sólo en la rúbrica de evaluación, sino en acciones concretas. Varias de estas gratificaciones educativas las desarrollé en una de mis entradas anteriores. Entre otras: ofrecer la posibilidad de traer un objeto personal al alumno hacia el que sienta un apego especial, llevar su cartel favorito para adornar la clase a su gusto e integrar uno de sus juegos favoritos en el Aula.

  • Acción colectiva, hacemos equipo. El mes pasado, en la asignatura de Inglés, tuvimos la oportunidad de realizar una acción conjunta de trabajo en equipo. El objetivo de la propuesta era demostrar que trabajando de forma grupal, colaborando y aportando cada uno su propio compromiso conseguirían mejorar uno de los exámenes que iban a realizar en dicha asignatura. Para ello, organizaron una línea de actuación conjunta de repaso y aprendizaje de contenidos por grupos. En la dinámica tuvieron en cuenta el tiempo disponible, principalmente en recreos y tiempo libre. También, buscaron los espacios de aprendizaje que necesitaban para ponerla en práctica a lo largo de esa semana.

El desenlace no pudo tener mayor éxito para el grupo. El reto lo cumplieron ampliamente, lo pudieron comprobar en el resultado final del examen ya que casi la totalidad de la clase lo había aprobado. Y lo que es más importante, todos los alumnos habían mejorado notablemente la nota respecto a sus exámenes anteriores. Curiosamente, el incremento fue notable en aquellos alumnos que más dificultades tenían con la asignatura. Podéis imaginar el sentimiento de satisfacción personal tan grande que produjo esta actuación en la totalidad del grupo.

Al terminar el reto, valoramos la actuación de forma conjunta y estas fueron algunas de las sensaciones que trasmitieron mis alumnos en su reflexión:

  • Trabajando en equipo el nivel de motivación y ganas de superación aumenta muchísimo, más aún, si los protagonistas de la acción educativa somos nosotros, los propios alumnos.
  • Trabajar en equipo es mucho más divertido que hacerlo individualmente. De esta forma todo es más llevadero y reconfortante.
  • Si juntamos nuestras habilidades, aún en la diversidad, podemos conseguir cualquier reto que nos propongamos.
  • El esfuerzo produce felicidad. Todavía más si mi intervención personal ha contribuido a sumar en el éxito final de la intervención grupal.
  • El triunfo de la acción no está en la calidad individual sino en el hecho de compartirla.
  • Aprendemos a pedir ayuda cuando se necesita, y de esta forma aprovechamos las oportunidades que nos brinda el Aula.

Pues bien, ahora toca gestionar esas emociones encontradas, sobre todo en aquellos que las han experimentado casi por primera vez. El objetivo es prolongarlas en el tiempo para que las interioricen y las utilicen como forma de trabajo habitual.

Hemos dado un pasito más. ¡Bien!!

Fuente foto portada de: http://vademarketing.es/la-gestion-de-equipos/

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